Iniciando a partir de Hábito: Algunas ilustraciones macroeconómicas.

Mucho de los datos empíricos en economía son consistentes con el predominio de la
actividad habitual incluso al nivel macroeconómico. Por ejemplo, considérese la hoy
olvidado teoría de la función del consumo desarrollada por James Duesenberry (1949).
Esta teoría estuvo fuertemente influenciada por Veblen y subrayaba el rol del hábito in
en el comportamiento del consumidor. La teoría de Duesenberry no dejó de ser
considerada debido a que sus resultados en pruebas empíricas eran malos. De hecho,
predecía muy bien. En primer lugar, la teoría fue descartada debido a que no parecía
confirmar los presupuestos de la teoría de la elección racional (Francis Green 1979). La
teoría de Duesenberry procedía bajo el supuesto de que un dado nivel de ingreso, más
las normas culturales prevalecientes, conducirían a un habitual patrón de
comportamiento. Los actos de consumo se imitan y se adaptan y además sobre la base
de hábitos arraigados. Subsecuentemente, de manera similar, el estudio de mayor
envergadura sobre el consumo-demanda agregada en los Estados Unidos por Henricks
Houthakker y Lester Taylor (1966), también encontró que la mayor parte del gasto en
consumo está sujeto a la inercia, es decir, principalmente dependiente en el consumo
que le precedió.
No viene al caso señalar que tales fenómenos pueden reestructurarse en un modelo
complejo donde el hábito está formulado de manera enrevesada como resultado del
comportamiento maximizador de utilidades. En principio, la posibilidad de tal
reestructuración no puede negarse. El punto es que la evidencia por si misma no
otorga primacía teórica a los modelos de la elección racional. (Argumentos teóricos en
contra de la primacía de los supuestos racionales se ven más adelantes). Además, el
principio stándard de la parsimonia puede utilizarse, tanto para sustentar los supuestos
fundamentales del hábito o inercia humana, así como, los axiomas estándares de la
racionalidad.
Por lo general, los economistas institucionales se aproximan al análisis de los sistemas
macroeconómicos examinando patrones y regularidades del comportamiento humano,
esperando encontrar en su mayoría imitación, inercia encerrada, y una “causalidad
acumulativa”. [7]De manera importante, regularidades o estabilidad al nivel sistémico
surgirá, a pesar de las variaciones al nivel microeconómico. En sistemas complejos la
estabilidad macroeconómica puede depender del micro caos (Francesco Chiaromonte
y Giovanni Dosi 1993; Cohen y Stewart 1994). O la sistémica coacción puede
prevalecer sobre las variaciones micro (Gary Becker 1962; Dhananjay Gode y Shyam
Sunder 1993).
El prominente punto de vista de que es necesario construir a la microeconomía sobre
firmes bases microeconómicas – derivar regularidades macroeconómicas de la micro
estabilidad- es muy diferente. En contraste, la economía institucional observa las
regularidades, al nivel sistémico, reforzadas por medio de efectos positivos de
retroalimentación (“feedbacks”) que actúan, en parte, sobre elementos
microeconómicos. Estos, por lo tanto no se toman como dados. La función
institucionalizadora de las instituciones significa que el orden y la estabilidad se
refuerza junto con la variedad y la diversidad a nivel microeconómico. Irónicamente, en
la economía ortodoxa, para poder hacer que el análisis es manejable, presupone
individuos dados; el proyecto de fundación microeconómica típicamente tuvo además
que presuponer que cada uno de los individuos es idéntico. En contraste, el
institucionalismo apunta no a una espuria objetividad supraindividual, ni tampoco a la
uniformidad de los agentes individuales, sino al concepto de un orden socioeconómico
que surge sobre la variedad a nivel micro.
Los hábitos individuales refuerzan las instituciones, así como, a su vez son reforzados
por ellas. A través de este círculo de enfrentamiento mutuo, las instituciones son
dotadas con una inerte cualidad estable. Además, las instituciones juegan un rol
esencial en proveer un marco cognitivo para interpretar los datos de la experiencia y en
proveer hábitos intelectuales o en rutinas para transformar información en conocimiento
útil. La fuerte influencia de instituciones sobre la cognición individual provee una
estabilidad significante en sistemas socioeconómicos, en parte, separando y limitando
las acciones diversas y variables de muchos agentes. Con esta línea de argumentación
se reinstaura la relativa autonomía del proceso macroeconómico y la idea de hacer
factible los agregados. Esto contrasta con las formas teóricas de análisis reduccionistas
que observan los fenómenos macroeconómicos como necesariamente explicados por
fenómenos microeconómicos. Aquí los institucionalistas realizaron una contribución
significativa. En los años veintes y treintas, Mitchell y sus colegas en el Departamento
Nacional de Investigación Económica (National Bureau of Economic Research), jugaron
un rol vital en la elaboración de las cuentas nacionales de ingreso, y sugirieron que
fenómenos macroeconómicos agregados tengan una legitimidad empírica y ontológica.
Esta importante incursión contra el reduccionismo abrió un espacio para la revolución
Keynesiana. A través de la elaboración de las cuentas nacionales de ingreso, el trabajo
de Mitchell y sus colegas influenciaron e inspiraron la macroeconomía de John
Maynard Keynes. En parte por esta razón, existe una cerrada y cercana afinidad entre
institucionalistas y lo que generalmente se describe como macroeconomía “postkeynesiana”.
El hecho de que las instituciones típicamente no presentan un grado variedad en largos
periodos de tiempo, y podrían sobrevivir a los individuos, provee razones para elegir
instituciones en lugar de individuos, como su unidad elemental. La mayoría de las
instituciones son temporalmente previas a los individuos relacionados con las mismas.
Todos nacemos en, y somos socializados, dentro de un mundo de instituciones.
Reconociendo esto, los institucionalistas se concentran en características de
instituciones específicas, en lugar de construir un modelo general y ahistótico del
agente individual.
No obstante, la propuesta alterna no es un colectivismo metodológico donde el
comportamiento individual se explica en su totalidad por las instituciones o el medio
ambiente cultural. Tanto las completas explicaciones de las partes en términos de la
totalidad, así como las que realizan el procedimiento inverso, están abrumadas por
problemas equivalentes de la misma envergadura. Así como las estructuras no pueden
explicarse adecuadamente en términos de individuos, tampoco los individuos no
pueden explicarse adecuadamente en términos de estructuras.
El fracaso de las corrientes centrales del proyecto de la micro fundación confirma las
dificultades de modelar el todo en términos de las partes individuales (S. Abu Turab
Rizvi 1994). Además, los institucionalistas rechazan la idea de la primacía ontológica
de la unidad dada, individuos libres de instituciones, sobre el cual el se apoyaba el
proyecto de micro fundación. (Este tema se explora en más detalle más adelante). Se
puede argumentar que el fracaso del proyecto de micro fundación de las corrientes
principales apunta a desarrollar un enfoque muy diferente. En esto existen niveles tanto
micro así como macroeconómicos de análisis, cada uno con un grado de autonomía
relativa teórica, pero al mismo tiempo ambos niveles están vinculados conceptualmente
y por explicaciones claves. El abandono del enfoque del proyecto stándard de micro
fundación no significa que los institucionalistas están necesariamente desfavorecidos
en la capacidad de construir modelos o hacer predicciones. Todo lo contrario, en
contadas ocasiones –incluso los citados anteriormente- ha demostrado que modelos
con fuertes elementos de inercia, explicando en términos de la persistencia del hábito,
son buenos en la predicción de la esfera macroeconómica. También es muy conocido
folclor econométrico que modelos de predicciones ingenuas, sustentados en
correlaciones simples del pasado reciente hacia el futuro, son frecuentemente, mejores
en predecir los logros (“perfomance”) económicos que modelos económicos mucho
más sofisticados. Los institucionalistas consideran tales resultados como confirmación
del fenómeno de la persistencia del hábito, del encierro institucional (“lock-in”) y autoreforzamiento.
El institucionalismo trabaja con “hechos estilizados” del sistema macroeconómico e
intenta descubrir sus características estructurales subyacentes que ayudan a explicar
los resultados. Esto requiere análisis tanto cuantitativos así como cualitativos.
Considérese el siguiente ejemplo, iniciando con el hecho estilizado de que el
crecimiento de la productividad en los Estados Unidos ha sido menor en los últimos 40
años, más o menos, que los países de Asia y otros en competencia.
La información revela también el hecho estilizado de que en los Estados Unidos la
proporción de PIB dedicados a la inversión ha sido relativamente baja. Pero, para el
institucionalista, el análisis no culmina con la mera correlación estadística. La tarea es
explicar las limitaciones institucionales y los procesos causales que promueven el bajo
nivel de inversión así como el bajo crecimiento de la productividad.
Considérese una hipótesis tentativa. La separación funcional y cultural de las
instituciones financieras de las industriales podrían haber promovido una orientación
hacia el corto plazo del retorno de las inversiones. Las dispersas conexiones
institucionales entre la industria y el financiamiento y la ausencia relativa de personal
compartido y de intereses personales compartidos, quizá permite al sector financiero
concentrarse en maximizar sus retornos de inversión a corto en lugar de a largo plazo.
Además el relativamente bajo nivel de propiedad cruzada entre corporaciones
industriales tal vez promueve a la orientación de la corporación principalmente a
mercados financieros y de decisiones de inversión de corto plazo. Una primer paso
para valorara esta hipótesis sería evaluando sus presupuestos calves, por ejemplo
observando los datos de la distribución de propiedad de acciones en los Estados
Unidos, incluyendo la propiedad cruzada compartida entre corporaciones financieras y
industriales. Un subsiguiente paso importante sería realizar investigaciones similares y
comparativas en economías relevantes con tasas mayores de crecimiento de la
productividad, tales como Japón. La existencia en otro lugar de mayores grados de
cruzada posesión de propiedad entre corporaciones, de stocks” y acciones, puede
proveer una base para intentar evaluar aún más la hipótesis. La evidencia
econométrica de correlación estadística significativa entre variables relevantes sería
importante, pero insuficiente. Los institucionalistas subrayan la necesidad de delinear
los vínculos causales reales involucrados, en lugar de una mera correlación entre
variables. Por lo tanto, es importante explicar los mecanismos causales articulando la
estructura la propiedad de acciones compartidas con una nivel de inversión bajo, y a su
vez, con una tasa de productividad menor. Tales explicaciones causales podrían
involucrar muchos factores, incluyendo culturas nacionales, sistemas políticos, y a así
en adelante. Los institucionalistas no están atados a hipótesis alguna o teoría sobre
este tema, pero por lo general, el enfoque institucional subraya la importancia del
análisis institucional comparativo, y la examinación de una serie de factores, cuando
buscan una explicación causal adecuada.